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#029. Arquitecto no practicante

by José Luis de la Rocha

Sabiendo como me gustan las series de newsletters, no sé cómo no habías intuido que esta iría por aquí también.

Pero el título te va a engañar.

En esta carta no voy a hablarte de que soy arquitecto, pero que no trabajo de arquitecto.

Sería faltar a la verdad.

En mi trabajo no desarrollo todas las funciones de un arquitecto, porque las tengo compartidas con mi socio arquitecto y además porque no me gustan.

Si, soy un arquitecto al que no le gusta diseñar.

Es verdad que hay una gran parte de las funciones que hago como: las de desarrollar la documentación de proyecto, calcular estructuras e instalaciones, firmar los documentos o dirigir la obra que sí hago.

Pero el objetivo de esta newsletter no es hoy hablarte de esto.

 

En esta ocasión quiero hacer especial mención a nuestros compañeros caídos.

Caídos desde la crisis o por alguna otra circunstancia externa o interna.

La cuestión es que ya no están entre nosotros.

No es que hayan muerto. Que alguno habrá.

Sino que hayan dejado la profesión.

Y es que hay muchos compañeros que, por lo que sea, no han conseguido o no han querido quedarse o incluso han conseguido salirse de la profesión “motu proprio”.

Y ahora trabajan en cualquier otra cosa.

Incluso habrá alguno que sea feliz.

Seguro que más de uno.

Igual todos los que se han salido son felices.

Conozco a gente que han montado restaurantes, que tienen empresas de surf, que trabajan en la empresa familiar, que se dedican al alquiler de inmuebles, llevan mantenimiento de bases de datos, etc.

Pero seguro que todos tienen en común que son arquitectos no practicantes.

Pero son arquitectos.

Porque los arquitectos serán arquitectos para toda la vida.

Siempre cortarán una tarta como un arquitecto.

Esto podría valer para los ingenieros y arquitectos técnicos… y también para los delineantes.

Seguro que también les pasa a los informáticos, a los médicos, a todos.

 

Y es que, como todos sabréis, pasar por una Escuela universitaria, máster o formación intensa y prolongada actúa de manera importante sobre la forma de pensar y actuar.

Vamos a llamarlo que te deja una “tara”.

La tara de los arquitectos (una de ellas, pero digamos que la principal) podríamos simplificarla como “el concepto”.

Como diría Pazos, muy acertadamente, “el concepto es el concepto”. Y la única forma de entenderlo es pasar incalculables horas bajo la apisonadora conceptual de la asignatura de proyectos.

 

Yo voy a intentarlo resumir en un par de líneas.

 

La clave está en la asignatura de proyectos.

Esta es como una carrera de coches en la que después de dar una vuelta, el profesor te dice que estás suspenso, pero no te dice por qué lo has hecho mal. Así que tienes que volver a dar otra vuelta para descubrir que tampoco has conseguido el objetivo y así hasta que apruebas.

En las correcciones de otros compañeros ves que le cuentan una historia que da sentido al dibujo y unos aprueban y otros no.

En unas el profesor y alumno entablan una conversación en un idioma arquitectónico secreto y a ti te dicen que no tienes ni puta idea de esto. Que no deberías haber conseguido ni matricularte (eso me dijo literalmente un amable y motivador profesor que no diré que se llama P*p* M*r*l*s para mantener su anonimato).

¿Selección natural? No. Es que tu no entiendes los conceptos arquitectónicos.

 

Para aquellos que no hayan pasado por estas bonitas escenas universitarias voy a ser más concreto.

Título del ejercicio: "Habitar el afuera".

Tienes que entregar el mes que viene un “objeto arquitectónico” que exprese el "habitar el afuera".

Tu única opción es montarte una película en tu cabeza para llegar a defender un dibujo y que coincida con el concepto arquitectónico que tiene el profesor en su cabeza.

A fecha de hoy no sé qué entregué ni cuando aprobé proyectos.

 

La cuestión es que esto, durante 5 años o más, te genera unas sinopsis cerebrales únicas.

Lo curioso es que, cuando hablas con compañeros de otras escuelas, descubres que también les pasa a ellos. 

Es como un lenguaje secreto entre arquitectos. 

Es nuestro código.

Es nuestra tara.

 

La cuestión es que eso se te queda ahí.

Por eso compañero, aunque estés trabajando en otra cosa, siempre serás arquitecto.

Aunque no quieras, serás un arquitecto no practicante.

 

Muchas gracias por leerme y un abrazo digital.

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