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#030. Er niño de los proyectos

by José Luis de la Rocha

Son las cinco en punto de una calurosa tarde de la feria de abril en el coso taurino de la Real Maestranza de Sevilla.

El silencio se hace en la plaza cuando un toro zaíno y cornalón, de nombre “Cliente”, aparece por la puerta de chiqueros galopando y cargando, nada más ver a nuestro valiente torero, “er niño de los proyectos”, que ya lo esperaba, aceptando su responsabilidad, a “porta gayola” porque sabía que venía encarado y no quería desmerecer con desdén la faena que le esperaba.

En la primera reacción del morlaco, con tendencia a empitonar por la derecha, se enfrenta al diestro y le encara los problemas con la intención, nada desdeñable, de hacer todo el daño posible.

El torero, manteniendo la compostura y su buen hacer fruto de su buena escuela, lo recibe con su capote y con distintas suertes. Si bien una chicuelina escuchando atentamente sus acometidas sobre los retrasos, si bien media verónica cuando le echa la culpa de sus errores.

Los primeros lances se terminan con una tanda de derechazos templadísimos y el toro metido en la franela.

Se cerró la segunda tanda con determinación, sin adornos, pero con gallardía y algún desplante. Dejándolo hacer, presentándole el engaño y llevándolo hasta la raya de picadores.

El astado estudia la plaza viendo que sus acometidas continuas no han sembrado mella en el coraje del matador y este le espera plantado en la arena con el pie adelantado, citándolo a la próxima embestida y manteniendo la compostura mirándole a los ojos.

El tercio de banderillas comienza con el apoyo de la cuadrilla, acosando al astado con documentación en mano, a modo de pica y rematarlo con una brillante puesta de banderillas formada por correos electrónicos y conversaciones mantenidas que dejan a un toro sin fuerza, acorralado y vencido a su suerte para el tercio final.

Comienza éste cambiando el maestro el capote de los problemas por la muleta de las soluciones.

Con el animal ya calmado y desfondado, el diestro sacó su clase ofreciendo una serie de ires y venires, a modo de nuevas soluciones, que va enlazando de forma decidida y a las cuales el toro responde con afán.

Es cuando se ve vencido, viendo la profesionalidad del diestro y acomete sus últimos intentos que son conducidos con pases cambiados y al natural con la habilidad que le caracteriza al maestro.

Finalmente, viendo la solución al problema, “er niño de los proyectos” prepara su estoque para resolver la faena.

El toro, que no se lo ve venir, en la última humillada recibe y acepta la solución final al problema.

La plaza enloquece y por su valor, entrega y dominio le abre la Puerta del Príncipe, con una buena y merecida oreja en mano de un toro noble y toreo de buen aroma.

 

Muchas gracias por leerme y un abrazo digital.

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