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Ya estamos de vuelta de estos días tan esperados de descanso, disfrutando de la playa o la piscina, o quizás de una escapada a la montaña; de dormir hasta tarde después de trasnochar en un chiringuito chillout, de pasar la tarde de paseo por el paseo marítimo o lo que sea que hagas para despejarte, desconectar y no abrir el ordenador para nada.
Pues una mierda para mí.
Yo pensaba descansar el verano y aprovechar para leer, pensar, sacar tiempo para grabar unos videos y establecer la estrategia de la nueva temporada.
Pues una mierda para mí, bien gorda.
Mi verano comenzó una tarde hablando con mi mujer sobre hacer unos pequeños cambios en la casa y eso derivó en una mudanza integral de todas las habitaciones.
Era unos cambios con el tamaño típico de: hay que mover un enchufe para poner una nueva estantería (para eso no vas a llamar a un electricista).
Aquí entra mi espíritu disperso-obsesivo-perfeccionista que suele tomar el control cuando atisba un mínimo de espacio temporal de descanso y me mete en nuevas aventuras.
En este caso decide que ese mueble no queda bien si no hacemos esto y si hacemos además esto con esto otro queda el cuarto mejor. Bueno, lo ideal es hacer esto otro y cambiar el cuarto por este, y el niño se cambia aquí y nosotros allá y el despacho lo ponemos aquí y el otro cuarto …
Dos meses y un día de trabajos forzados en los que he trabajado de diseñador de interiores, albañil, electricista, pintor, transportista, carpintero, comprador y vendedor de muebles, …
Os escribo después de ordenar el trastero en el que ya no me cabía las cosas. Por no hablar de la cuenta de Wallapop que tengo más productos en venta que capítulos de podcast.
El caso es que yo lo que quería hacer en verano es sentarme a pensar.
Que todos los años, por estas fechas, hago una parada en el camino y me pongo a pensar todas las cosas que he hecho y las que tengo que hacer.
Básicamente cojo algo parecido al “circulo de la vida” y pongo todas las áreas a estudiar. Estas áreas las desgloso algo más en otras áreas y voy debatiendo conmigo mismo las cosas que he hecho, las que quiero conseguir y poco a poco, va saliendo un plan de las cosas que a las que quiero dar prioridad y planteo como objetivos del año.
Es un método que te sirve para conocerte mejor y analizar qué cosas quieres de verdad y cómo tienes que enfocarte.
Este proceso no es de unas horas, requiere varios días para poner por escrito, pensar, buscar alternativas y sobre todo, relativo a los compromisos, asimilar los cambios.
Es lo que me ayuda a saber porqué quiero hacer ejercicio, comer mejor o dedicar unas horas para hacer cursos.
Porque si no te haces un plan de formación te lo va a hacer Udemy a tiro de ofertas.
La cuestión es que eso no he podido hacerlo y, a día de hoy, estoy igual que estaba el día que decidí cortar para descansar y pensar.
Así que, después de llevarme dos días sacando todas las cosas del trastero y volviéndolas a ordenar, me he duchado y estoy improvisando esta nueva newsletter con la misma ansiedad con las que os dejé el último día …
Pero eso sí, con toda la casa mucho más ordenada y optimizada.
Yo espero que tu verano haya sido mejor.
Muchas gracias por leerme y un abrazo digital. |