|
Durante mi periplo estival como Técnico Superior de Ensambles de Piezas Prefabricadas de Elementos de Almacenamiento y Decoración he tenido tiempo para pensar mucho.
Como llevo varios años montando y desmontando muebles de la misma empresa, tengo una caja llena de restos de tornillos, puntillas, apoya baldas, patas, ruedas, soportes, agarres, además de baldas y puertas de distintos tamaños y formatos que voy rescatando en cada ciclo de vida del elemento.
En esta última ocasión, mientras montaba uno de los muebles que estaba combinando con otros antiguos de la misma innombrable “especie”, me he dado cuenta de que no eran exactamente iguales.
Por ejemplo: las baldas. Las de las primeras versiones son distintas a las de las últimas.
Han ido evolucionando, de forma progresiva, en la forma de cómo se agarran al mueble. En función de los agarres que han cambiado de peso, tamaño y forma por lo que no puedes usar agarres antiguos en baldas nuevas.
Lo mismo pasa con las puertas y sus anclajes laterales. Han cambiado de sistemas, de tornillos y las combinaciones se hacen más difíciles entre piezas de distintas temporadas.
Quizás he estado influenciado por el libro que estoy leyendo de Steven Pinker “Cómo funciona la mente”; en el que, entre otros temas, da una explicación muy interesante de cómo ha funcionado la teoría de la evolución de Darwin en el desarrollo del pensamiento y de la consciencia. Todo con gran rigor académico y pericia comunicativa.
No es un libro de arquitectura, ni de gestión empresarial, sino de temas transversales, quizá muy transversales. Pero el libro enlaza con los enfoques iniciales de desarrollo de la inteligencia artificial y esto lo acerca un poco a áreas de mi interés.
Por ejemplo, te explica de forma muy interesante, cómo sería el proceso mental de identificación de lenguaje (por ejemplo, identificar a tu tía en un contexto determinado) a través de un sistema de programación similar a uno informático. O cómo es el proceso mental de visión tridimensional y su aplicación en los videojuegos.
También nos pone en situación de cómo la evolución natural no tiene un sentido ni una optimización orientada. Es decir, no tenemos ojos redondos para ver la realidad, sino que vemos la realidad que pueden ver unos ojos redondos.
Pues con todo esto en la cabeza, he visto claramente una evolución en la industrialización del mueble. Y, al igual que la de los seres vivos, unas veces ha ido a mejor y otras a peor.
Y no era consciente de este problema.
Yo pensaba que podría seguir comprando muebles del modelo X y sería compatible hacia delante y hacia atrás de forma continuada.
Pero eso no es así. Tienes que comprobar que las nuevas versiones del modelo X sigan siendo compatibles con tus modelos anteriores.
Es como una obsolescencia no programada. Podríamos decir, una obsolescencia evolutiva.
Y esto me llevó, en otro rasgo reflexivo, a pensar en que en nuestro sector de la arquitectura también nos pasa, por ejemplo, en la forma de almacenamiento de datos y conversión en información arquitectónica.
Durante cientos de años, la forma de almacenamiento de los datos arquitectónicos de un edificio estaba consolidada y contrastada. Además del edificio, en sí mismo, hemos tenido su representación gráfica en un formato plano.
Ahora el sistema de trabajo está evolucionado hacia otro modelo que tiene este riesgo de obsolescencia tan importante.
El proceso tradicional permitía que, años después, un mismo plano fuera leído por otro arquitecto y que pudiera entender e interpretar el edificio (dentro del nivel de detalle que permitiera el plano).
Más adelante pudimos complementar con fotografías o videos y, en la nueva era digital, pasamos este formato a un archivo digital.
Si bien, al comienzo de la era la digital, la creación de la información se trabajaba en archivos con formato dwg y pdf. Estos terminaron, en poco tiempo, en convertirse en un estándar de la industria y había muchos programas que los leían, incluso podías abrir versiones anteriores del mismo sin perder nada de información.
Pero como decía antes, la evolución no tiene porqué tener un sentido ni una orientación estratégica y la aparición de la informática y los medios de comunicación digitales nos permiten hacer más cosas, pero eso necesariamente no tiene que ser mejor.
Cómo tenemos medios más potentes y nuevas funcionalidades, nos ha permitido la aparición de un modelado paramétrico, que es muy práctico y funcional en el sistema de representación arquitectónica; pero, en muchos casos, la tendencia ha sido a meter más datos dentro del proceso de creación arquitectónica, muchas veces de forma indiscriminada.
Las nuevas capacidades de representación y almacenamiento de datos arquitectónicos, junto con la necesidad de comunicación, entre la cada vez más cantidad de agentes, y la necesidad de mejora de procesos para garantizar la calidad de los edificios generó el sistema del BIM.
Este nuevo sistema nos permite pensar que, en el futuro, no necesitaremos representar la información arquitectónica en un formato plano, sino que podrá ser consultado en un formato en 3d (ya sea en una pantalla o con un soporte de realidad aumentada).
El inconveniente es que este camino nos lleva a un problema de obsolescencia futuro, que por ahora no está totalmente resuelto.
Con todos estos datos, que se pueden añadir a un modelo, nos encontramos con distintos programas que los usan (si, además de Revit hay otros programas de modelado paramétrico y también tenemos que pensar en el resto de los programas de cálculo que leen de los modelos arquitectónicos) y cuyos lenguajes de programación son incompatibles entre sí.
Pero además de esto, tenemos también un problema con la propia lectura de los archivos dentro del mismo software, ya que estos van evolucionando y actualizando sus funcionalidades y no es garantía de que archivos pasados puedan ser traducidos perfectamente por versiones futuros.
Además, los nuevos sistemas de licenciamiento de los softwares, que están cambiando el sistema tradicional de licencias perpetuas con actualización a sistemas por suscripción, con la doble idea de reducir la piratería y de aumentar los ingresos y que obliga a mantener las últimas versiones de softwares por lo que incurrimos en el problema anterior.
Para solucionar todo esto, muchas personas tanto de forma independiente como agrupadas en la Building Smart, están trabajando para sacar un archivo de almacenamiento de datos que permita su lectura tanto en sentido vertical (entre los distintos softwares existentes) como en el sentido horizontal (a través del tiempo) para que nuevos softwares tengan la posibilidad de traducir esos datos a nuevos parámetros que pudieran aparecer.
En este sentido tenemos nuevos formatos como el ifc o el bcf, además de nuevos procesos y documentos que son necesarios para manejarse con éxito entre toda esta nueva evolución del ecosistema.
En resumen, ¿necesitábamos el BIM para conseguir hacer mejores edificios y no hemos podido desarrollarlo hasta ahora porque no teníamos medios o es que con los medios que tenemos ahora podemos hacer BIM y esto nos está llevando a un sistema de trabajo más complejo e innecesario?
Tenemos ante nosotros un gran reto evolutivo en el sector y, seguramente, ninguno de nosotros lo veamos completamente resuelto.
O sí, si trabajamos en ello.
Muchas gracias por leerme y un abrazo digital.
P.D.: Si no sabes de qué te estoy hablando es que estas en proceso de extinción. Pero aprovéchate, para las especies en extinción existen subvenciones. |