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Os contaba en la newsletter pasada que estaba leyendo un libro sobre cómo funciona la mente. Y es muy interesante entender cómo es el proceso mental ya que explica muchas cosas que nos pasan en el día a día.
Por lo visto, y simplificando mucho muchísimo, cuando vemos un pato no tenemos en la cabeza una imagen visual de un pato ideal y la comparamos con el objeto que vemos.
El proceso es más complicado.
Cada neurona se va especializando en analizar partes de los datos que recibe por los distintos sentidos.
En el caso de que los datos vengan por la vista una neurona se fija exclusivamente en la textura de las plumas, otra en la forma del pico, otra en la forma de las patas para ver si es de ave y así, cada una, va analizando y determina cuanto porcentaje de pico cree la neurona que es el pico 90%, cuanto porcentaje de pata ave 95%, cuanto porcentaje de pico de pato 95%, cuanto porcentaje de forma de pato 90%.
En su conjunto, la visión genera una serie de conexiones de miles de neuronas especializadas y que nuestro cerebro asocia con un concepto: un pato.
Para conseguir esto necesitamos mucho tiempo en traducir todas las conexiones a conceptos.
Qué pasa entones si vemos un ornitorrinco. Pues nuestro cerebro calcula: pico de pato 80%, patas de pato 65%, cuerpo de nutria 55%. Y se pregunta ¿este qué animal es?
Nos da un porcentaje menor que el pato o menor que la nutria. Es decir, algunas neuronas implicadas en identificar a un pato se activarán más o menos y habrá otras que se activen al ver un ornitorrinco. Este nuevo mapa de conexiones no lo tenemos asociado a nada por lo que nuestro cerebro nos indicará que pasa algo raro. No nos corresponde con ningún concepto que tengamos almacenado.
Necesitamos que alguien nos indique que se trata de un ornitorrinco y entonces asociamos esas conexiones al nuevo concepto y así vamos aumentando nuestro conocimiento.
Cuando veamos animales que se parezcan a patos diremos que son patos, pero si seguimos investigando, veremos que todos los patos no son iguales. Cuando vemos dos patos uno nos da un porcentaje de 85% y otro de 65% con mapas distintos y aprenderemos que uno de ellos es un cisne, porque tiene el cuello más largo, e incluso, dentro de los patos, veremos que hay distintas marcas de patos (o como quiera que se organicen los patos).
Lo interesante es que podemos aprender. Podemos enseñar a neuronas a preguntarse ciertas cosas y que nos vaya matizando ideas y conceptos e ir afinando el conocimiento tanto en horizontal como en vertical.
Y eso me pasó el viernes pasado, en la clase de Los Cursos De Los Viernes de Bimrras Insiders. Estuvimos viendo una aplicación para hacer texturas (Quixel Mixer) y poder aprovecharlas para conseguir renders más realistas (no todo es BIM).
La cuestión es que discutíamos sobre la mejora que generaban los motores de render de Path Tracing sobre los de Ray Tracing (o al revés, ya no me acuerdo) y que yo era incapaz de reconocer qué textura era mejor de las dos.
Me faltan esas neuronas que estén entrenadas en detectar y matizar esos detalles.
Ya te estarás dando cuenta de que esto nos pasa muchas veces. Todos los días. Y explica de alguna forma ese gusanillo que te entra cuando empiezas a entender nuevos conceptos, empiezas a conectar nuevas neuronas y te adentras, cual madriguera de conejo, desde un conocimiento somero a conseguir diferenciar y entender ciertos aspectos y detalles de un tema en concreto.
Al final, a lo largo de nuestra vida, este proceso se va repitiendo y normalmente tenemos un maestro que nos va indicando los pasos, los conceptos y nos vamos entrenando.
Pero ¿qué pasa cuando ese conocimiento se hace de forma independiente? Pues que aparecen muchas deficiencias en el manejo de ciertos temas.
Puede ser que no hayamos entendido bien los conceptos o que no se nos haya presentado las situaciones adecuadas o en el orden correcto.
Creamos nuestro método ornitorrinco. Qué solo nosotros entendemos.
Y para ponerte un ejemplo de nuestra profesión (y me atrevería a decir en todas las profesiones que se desarrollan en un entorno digital) existe una deficiencia a la hora de nombrar y ordenar los archivos.
Para eso voy a hacer un experimento.
Párate a leer estos dos listados para ver si encuentras las diferencias:
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Proyecto Básico
Proyecto Básico definitivo
Proyecto Básico definitivo final
Proyecto Básico final
Proyecto Básico final definitivo
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Proyecto Básico v00
Proyecto Básico v01
Proyecto Básico v02
Proyecto Básico v03
Proyecto Básico v04
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Una vez leídas ambas listas.
¿Cuál es la última versión del proyecto básico de la primera columna y cuál es la de la segunda?
¿Ves como no te falta la neurona que analiza cual es la última versión?, la que te falta es la que las escribe.
Y esto que pasa con las versiones nos pasa también para la organización de archivo según otros muchos conceptos necesarios en un proyecto de arquitectura.
Y es que no hemos recibido formación cuando comenzamos con el tema digital y decidimos crear nuestro “método ornitorrinco” de nombrado de archivos.
Ya sé que esto es un tema ya muy trillado y atrasado, pero todavía me encuentro archivos sin versionar.
Te digo que está atrasado porque los nuevos sistemas de gestión documental ya incluyen sistemas de versionado de archivos automáticos. Desde Google Drive, One Drive o Dropbox a los nuevos entornos de CDEs tu vas subiendo archivos y, en vez de sobrescribirlos los versiona automáticamente. Solo ves la ultima versión de cada uno de ellos (aunque el sistema de forma oculta mantiene todas las versiones anteriores que puedes rescatar cuando quieras).
Pero todavía la gran mayoría de proyectos en los que trabajamos se realizan en entornos de Windows, por lo que la estructura utilizadas es la de carpetas y archivos únicos, y la manera de saber la versión del archivo es poniendo un sufijo en el nombre.
Pero también deberías saber que para esto tienes ayuda. Porque es un tema muy trillado y hay mucha gente que ha trabajado en crear sistemas mejores que tu método.
Por un lado, está la norma ISO19650 Organización y digitalización de la información relativa a trabajos de edificación y de ingeniería civil, incluyendo BIM.
Esta norma, entre otras cosas, establece un sistema de nomenclaturas para nombrar los “paquetes de contenido”. Puestos a no tener ningún sistema, es mejor usar uno que ya está avalado por profesionales del sector de la construcción. O por lo menos que te sirva de referencia.
En próximas newsletter voy a hablarte de este sistema de nomenclaturas. De lo que me gusta y de lo que no me gusta.
Por otro lado, tenemos aplicaciones como Nomenclátor Files de BIM Learning, que además de generar nombres según la ISO anterior, podemos personalizar la nomenclatura según nuestros propios sistemas y además que nos chequea los discos duros por si se nos ha escapado algún archivo.
Así que ve buscando la neurona que pone los nombres de archivo y entrénala en ponerle un código a las versiones y déjate de inventar métodos.
Muchas gracias por leerme y un abrazo digital.
P.D.: BIM Learning bien que podría patrocinar el podcast. |