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#061. El último arquitecto

by José Luis de la Rocha

La pasada semana leía en la bonilista un artículo muy interesante sobre la generación Poincaré.

Por lo visto, Henri Poincaré es considerado el último matemático capaz de comprender todas las matemáticas de su tiempo ya que, desde su fallecimiento, la disciplina creció tanto que nadie ha podido dominarla por completo.

Después compara y justifica esa situación al sector de la informática.

Y en la arquitectura, ¿hemo superado el punto Poincaré?

Pues yo diría que sí.

Creo que la aparición en 2006 del CTE fue el comienzo de la última generación capaz de controlar todos los aspectos de un proyecto arquitectónico.

Obviamente no fue algo inmediato, pero hoy en día, creo que es imposible controlar todas las disciplinas implicadas en el proceso.

No quiero con esto decir que un arquitecto de ahora no sea capaz de hacer un proyecto pequeño o mediano él solo (en la parte que tiene atribuciones). Me refiero a que sea capaz de dominar todas las áreas. De controlar y conocer todos los aspectos que intervienen en un proyecto.

Es posible que en pequeños proyectos no se necesite aplicar toda la normativa. Pero a nada que se complique la cosa tienes que entender de arquitectura y sus últimas tendencias de diseño y materiales, de estructuras y conocer el nuevo Código Estructural, de energía con todo lo que conlleva de cálculo energético o incluso conceptos de sostenibilidad. Por no hablar de la normativa urbanística local, el desarrollo en CAD/BIM/GIS del proyecto o una buena gestión de la dirección de la obra y la seguridad y salud.

Y esta situación ha sido generada por dos tensores que se han desarrollado en paralelo. Por un lado, que los egresados de arquitectura cada vez son más “flojitos” y por otro lado que la normativa se ha complicado demasiado.

Para comprender el primer punto solo hay que analizar los planes docentes y las exigencias de la carrera de arquitectura de hace unos años a los actuales. Ahora cualquier puede terminar la carrera de arquitectura con facilidad cuando antes era una carrera muy muy dura. Esto ha permitido que gente más "flojita" (como yo) haya podido terminar la carrera y, por ende, la capacidad media de los arquitectos haya disminuido notablemente.

Y esto lo digo con conocimiento de causa porque he tenido la suerte de conocer arquitectos de los buenos. De los de antes. E incluso compañeros de mi generación que son unos fuera de serie. Pero también he visto muchos más arquitectos mediocres en la profesión y que antes no hubieran podido terminar la carrera y se hubiera quedado en alguno de los roles intermedios necesarios para la producción arquitectónica.

Por otro lado, la exigencia normativa, como bien padecéis, ha aumentado hasta llegar a niveles “ridículos”, incluso innecesarios. Pero es la que hay y te guste o no, hay que cumplirla a pesar de la falta de entendimiento de los clientes.

Todo esto ha llevado a superar el punto Poincaré y convertir la arquitectura en una carrera de obstáculos normativos junto a la incapacidad de muchos de correr esta carrera por sí mismos. Por lo que se genera un entorno de “errores” y “deficiencias” que también afecta a la percepción de los clientes de lo que es un arquitecto.

Yo creo que, siendo muy purista, la verdadera y única función del arquitecto es la del diseño arquitectónico. Y es para lo que nos deberían llamar los clientes.

Como sabéis, en otros países, los arquitectos solo tienen competencias en el diseño y no pueden calcular estructuras e instalaciones. Pero aquí en España, que sí las tenemos, es prácticamente imposible que sea una persona la que domine todas las áreas.

Seguramente me argumentarás que el arquitecto también puede ser el director e integrador de información de terceros. Pero creo que esta función pertenece más a un rol de director de proyectos, ya que requiere otros conocimientos de integración y gestión de equipos que el arquitecto tampoco posee.

Por supuesto tampoco veo prioritario que tenga las funciones del cálculo de instalaciones y estructuras que es necesario ser un experto calculista.

Por no hablar del arquitecto como empresario, fórmula que ya se ha demostrado fracasada sin los conocimientos empresariales adecuados, y que tampoco corresponden al rol del arquitecto como tal.

Al final, creo que solo nos queda un camino que es el de especializarnos en una o varias áreas y formar parte de equipos multidisciplinares. Es decir, estudiar arquitectura o ingeniería, pero para integrarse y aportar distintos paquetes de trabajo en los cuales eres especialista.

Creo que el último arquitecto ya estudio la carrera y está a punto de jubilarse.

Seguramente haya muchos arquitectos que no estén de acuerdo conmigo y sigan creyendo en la utopía del arquitecto integral.

Quizás, el último arquitecto seas tú.

 

Muchas gracias por leerme y un abrazo digital.

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