El pasado sábado 29 de marzo tuve la oportunidad de asistir al evento Grupo de usuarios BIM de Andalucía GUBIMAND, celebrado este año en Sevilla.
Normalmente, como suelo hacer después de este tipo de jornadas (además de ponerle un nombre al estilo David Barco), dedicaría este espacio a compartir un resumen del evento, comentar las ponencias o incluso hablar de la experiencia gastronómica. Sin embargo, en esta ocasión, me voy a centrar en un aspecto diferente, aunque fundamental: el equipo organizador.
Pero no os voy a relatar los detalles de la planificación ni las anécdotas internas de la organización. Lo que realmente me gustaría compartir hoy es una reflexión sobre cómo un grupo de personas ha conseguido llevar un proyecto al éxito en unas condiciones extremas (no del equipo, sino del contexto). Ya que decidimos organizarlo el 14 de febrero y hasta el 26 de febrero no tuvimos la reunión de kick-off. Y de ahí, buscar programa, ponentes, sitio, catering, patrocinadores, marketing, etc hasta cerrar un evento profesional de 120 personas con 7 patrocinadores, 6 ponencias y 10 ponentes de diferentes partes del planeta.
Lo primero y más destacable es que ningún miembro del equipo organizador tenía una obligación para estar allí, ni recibió compensación económica por su enorme esfuerzo. De hecho, sacamos horas del nuestro tiempo de ocio y como el resto de los asistentes, pagamos nuestra entrada al evento.
Entonces, si eliminamos de la ecuación la obligación y el dinero, ¿qué nos queda? ¿Qué impulsa a un equipo a comprometerse con un proyecto y culminarlo con éxito cuando faltan estos motivadores tradicionales?
Si tuviera una respuesta única y certera a esta pregunta, probablemente estaría dando charlas motivacionales. No la tengo. Pero sí resuena en mi mente una idea que exploramos en profundidad en un curso de desarrollo personal y directivo que realicé hace tiempo. El profesor nos insistía constantemente en la necesidad de alinear inteligencia, voluntad y emoción para alcanzar cualquier objetivo significativo.
Y, reflexionando sobre el equipo de GUBIMAND, creo firmemente que esta tríada ha estado muy presente. Porque, seamos sinceros, problemas y contratiempos surgieron, como en cualquier proyecto ambicioso. Pero todos se resolvieron. Y al pensar en el cómo, no puedo evitar recordar estas tres variables:
1. La inteligencia de cada miembro, buscando activamente la mejor solución posible ante cada desafío. De esto íbamos sobrado porque cada miembro del equipo es un fuera de serie.
2. La voluntad firme y la convicción compartida de hacer las cosas bien, de entregar un resultado de calidad. Y esto lo demostramos dentro y fuera del ring.
3. La gestión adecuada de las emociones, usándolas constructivamente. Evitando que el nerviosismo paralizara o que la frustración se convirtiera en un arma contra los compañeros, y fomentando en cambio la motivación y el apoyo mutuo. Se nota que trabajamos habitualmente en equipo.
Viendo el resultado, parece evidente que esta alineación fue clave. Así que lanzo una pregunta para la reflexión: ¿Están las personas en tu equipo alineadas en estas tres dimensiones – inteligencia, voluntad y emoción – para alcanzar vuestros objetivos comunes?
No puedo terminar esta carta sin agradecer el esfuerzo de todos los organizadores del evento:
- Álvaro Sánchez Palma.
- Ana Belén Gutiérrez.
- Ángel Toledo.
- Carlos Pedroza.
- Fernando Lázaro.
- Jesús García.
- Manuel García Navas

Muchas gracias por leerme y un abrazo digital.
P.D: También estoy, como no puede ser de otra manera, en el equipo de la organización del Basque Tech Summit 2025 que se celebrará en Donostia del 23 al 25 de octubre. Ya queda poco para abrir las inscripciones y tenemos casi listo el cartel de ponentes.
